DOMINADOS

DOMINADOS

La guerra es la paz,

la libertad es la esclavitud,

la ignorancia es la fuerza.

George Orwell, 1984.

Estos son los tres principios del sistema político y de gobierno que Orwell propone en su aclamado libro 1984, el socing. Este está basado en un comunismo stalinista evolucionado y perfeccionado hasta el punto de ser, en mi opinión, inalcanzable. Recoge todos aquellos grandes detalles que lo caracterizaban y corrige los pequeños errores que conllevaron a su caída hasta hacerlos inexistentes. Es, sencillamente, “el sistema político perfecto”, aunque para muchos resulte difícil de asimilar. Viéndolo todo desde el punto de vista del poder que se puede alcanzar estando en la cabeza de este régimen, por supuesto.

Lo que caracteriza su éxito es la deshumanización de los propios ciudadanos, que ya no son más que elementos de la masa; y las herramientas de control mental que el Partido utiliza contra ellos, que inhiben su libertad y capacidad de pensamiento hasta convertirlos en herramientas, simples marionetas dirigidas según los intereses del propio gobierno.

Una de las ideas que más llama la atención acerca de esta sociedad reprimida es el abandono de la persona al Partido; la rendición ante aquello que éste considera debe ser lo verdadero y aceptado. No existe la rebelión ante lo dictaminado, por el simple hecho de que ésta no tiene cabida ante los intereses del Partido y, por tanto, es sistemáticamente eliminada del cerebro del rebelado.

Una idea llevaba tiempo rondándome por la cabeza incluso antes de leer este libro, seguramente motivada por mi ignorancia en lo referente a la política, pero fue tras su lectura cuando empecé a planteármela seriamente. Actualmente en nuestro país vivimos bajo un sistema de gobierno bipartidista, término sobre el que todos hemos debatido o, al menos, oído hablar. Un sistema en el que los dos partidos principales, PP y PSOE, se turnan en el poder para dirigir a España y perseguir el bien común.

Es aquí cuando aparecen las primeras dudas: ¿cómo puede ser bueno para el país que dos partidos, ideológicamente tan opuestos, esperen turno para gobernarlo? ¿No llevará eso a constantes cambios en la política que lo único que conseguirán será la confusión de los gobernados y la falta de coherencia en las leyes?

Pues bien, he aquí la solución: la traición ideológica. Porque esto es lo que ocurre: cuando llegan al poder después de haber comprado los votos de los incorfomados con el gobierno actual mediante esperanzadoras promesas y brillantes programas electorales, no los cumplen. Por el contrario, mantienen aquellos aspectos del gobierno establecidos por sus antecesores tan criticados por ellos mismos anteriormente; no se mantienen firmes ante las ideas que defendían e incluso, para colmo de males, se dedican a realizar las reformas que sus oponentes defendían.

¿Pero qué hacen los españoles votantes? Quejarse del presidente, criticar al ministro, protestar tímidamente ante la reforma. En definitiva, nada. En definitiva, aceptar cabizbajos sus traidoras decisiones y abandonarse a su repugnante gobierno. Dejarles salirse con la suya, que nada tiene que ver con procurar el bien del país. ¿Acaso parece en esencia muy diferente al abandono de la sociedad propuesta por 1984?

Una cosa tengo clara en lo referente a los políticos con los que nos ha tocado lidiar: no voy a colaborar para que sigan haciendo lo que les plazca a nuestra costa. Los demás que escojan su decisión.

Juan L. P.

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