¿En qué momento?

¿En qué momento?

Siempre me he considerado como una persona muy propensa a la reflexión. Pero, entre las innumerables cuestiones que me suelo plantear a diario, había un tema en el que nunca me había parado a pensar. Es más, hay pocas personas que se han tomado la molestia de discurrir sobre este asunto y, menos aún, de juzgarlo con la importancia que merece.

Antes de comenzar, tengo que situarte en la escena. Yo me encontraba disfrutando con mi familia de un fin de semana de lluvia en la histórica ciudad de Pamplona. El sábado, habíamos  planificado asistir a una entrega de diplomas de ciertos colegios mayores de la universidad. El día parecía estar transcurriendo con absoluta normalidad hasta que llegó el momento ansiado.Ya nos  encontrábamos situados en el recinto para ser testigos del reparto de las “prestigiosas” becas a las universitarias cuando fuimos sorprendidos por la organización. El público iba a ser deleitado con un emocionante discurso sobre el arte por una especialista. Los dos primeros minutos de su charla no generaron gran repercusión entre el público. Pero, justo en ese preciso instante, se dispuso a abrir sus sentimientos y a manifestarnos su opinión sobre una obsesión que la estaba atormentando. Una vez que hubo expuesto su fría y directa pregunta, la insistencia de la misma me había dejado bloqueado, como si me hubiera sumergido en otra dimensión.

Probablemente, se trate de un asunto de poca relevancia para la mayoría, pero a mí me mantuvo inquieto hasta el final del acto. Estoy hablando, nada más ni nada menos, de la actividad espontánea por la que todos los seres humanos comenzamos a desarrollar nuestra creatividad y nuestro ingenio. Por medio de ella plasmamos nuestras primeras ideas y nuestro modo de ver la vida. Pero llega un momento en el que dejamos de hacer uso de ella y se convierte en un bonito recuerdo del pasado, como ese último copo de nieve que queda en la hierba pero que ya no tiene utilidad. Sin saber cómo y sin saber por qué, deja de formar parte de nuestro tiempo libre. Al no haberme visto capaz de responder a tan llamativa pregunta, déjame que te pregunte yo a ti: ¿En qué momento dejamos de dibujar?

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Javier F.

 

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